Un dedo recorre su espalda, un dedo, tu dedo.
Con suavidad y concentración casi reverencial, tus manos trazan el contorno de su cuerpo, delineando cada curva y cada hueco, explorando el relieve de lo que pronto será tuyo.
Tu piel entra en contacto con su piel desnuda, y ella se estremece, un escalofrío recorre su cuerpo mientras tus uñas muerden su carne, dejando levísimos senderos rojos.
Intento apartar la visa, pero es imposible, tus manos siguen adueñándose de ella, moldeando su voluntad a tu gusto.
Apenas y siento las caricias que el me está dando, sus manos recorriendo mi cuerpo con timidez y dulzura, sus labios dejando torpes besos en mi cuello.
Te veo con añoranza y tú te das cuenta, una sonrisa se dibuja en tu rostro mientras que de tus labios brota una risa gutural que parece hacer retumbar toda la habitación.
Ella tiembla ante el sonido, tu sonrisa y tu semblante serio, tiembla, pero eso poco tiene que ver con miedo, es su deseo y su lujuria lo que hacen que se agite, te espera…
Te desnudas con lentitud y sólo en ese momento me doy cuenta de que aún estás vestido…Pero poco importa el pasado, ahora estas de pie sin ropa, tu cuerpo perfecto recortando sombras toscas en la habitación.
Sus ojos son cristalinos, claros como el agua, y no reflejan a otra persona más que a ti, las pupilas se dilatan y sus labios se entreabren
No esperas otra llamada, tus labios ya están sobre los suyos devorándola casi al instante, un beso agresivo, rudo.
Tus dientes se adueñan de sus labios mientras tu lengua se introduce en su boca, las lenguas no pelean, está claro que quien manda eres tú.
Una de tus manos se enreda en su cabello, jugando con el rojo entre tus dedos mientras continuas acariciándola, tus dedos deslizándose como cuchillos por todo su cuerpo, hundiéndose como puñales en su sexo.
Ella gime y yo la imito, un gemido deseoso y existente que reclama tu atención.
El parece tomarlo como una buena seña, pues ss. Labios, mordisqueando mis pezones, parecen cobrar mas velocidad, pero ¿A mi que me importa? No tengo ojos ni cuerpo más que para ti.
Continúas sobre ella, tus labios ya lejos de los suyos, pues la quieres escuchar gemir, te conozco.
Mordisqueas su oreja mientras ella estira un brazo para tocarte, la detienes, y ella gime en protesta, ha de morir por tocarte, pero se que no la dejarás.
Tus labios cambian de sitio, se encargan de su cuello, de sus hombros, de su pecho.
Tu lengua se desliza por su vientre plano y se entretiene unos segundos en el pequeño arete de su ombligo, la espera parece dolerle y, con un suave empujón te urge mas abajo.
Le respondes con una mordida en la cadera, lo suficientemente fuerte para hacer brotar sangre, unas pocas gotas que succionas con avidez.
Ella grita, alarmada y dolorida, pero apenas y reparas en eso, ya has dado a entender que a ti nadie te apura, y la verdad ella no parece herida, está más sorprendida que nada.
Tus manos suben y se entretienen en sus pezones, acariciándolos y moviéndolos con suavidad, pellizcando con ligereza los erectos montes mientras tus labios besan con suavidad su monte de pubis.
Ella sonríe y acaricia tu cabello, enredando mechones negros en sus finos dedos, acariciando tu ancha y poderosa espalda con lentitud, recorriendo, sin saberlo, el largo tatuaje de tu piel
Su mano acaricia mis muslos, pero yo ya no le presto atención, aparto su mano para descubrir con sorpresa que el tampoco me hace caso, sus ojos están clavados en ti…y en ella.
Y los dos nos hemos transformado en espectadores…

suele suceder...
asi se aprende a contemplar, mirar, y seguir deseando...
la siguiente vez será distinto. El te mirara a tí y tu loca de poder disfrutarás de su mirada.
besos y mas besos