Hay algo que te preocupa, y me molesta. Algo que hace que tu rostro se contraiga en pena, y me asusta. Transforma tu expresión despierta en dos pozos sin fondo Y tus ojos se nublan con las lágrimas que no has derramado. Pero lo harás. Lo sé, y me lastima. No veo por qué has de sentirte tú así. La postura erguida se encuentra encorvada La sonrisa traviesa es una mueca amarga ¿Qué ocurre? Temerosa de lo que encontraré, sigo tu mirada y lo encuentro a Él, ¡A Él! Se encuentra leyendo distraído algún libro, seguramente tú se lo prestaste. Bajo su ropa...tú ropa, demasiado grande, se adivina el contorno de sus huesos. Su rostro, tan joven, es pálido y demacrado, las sombras de la habitación jugando con las bolsas debajo de sus ojos. Uno pensaría que algo anda terriblemente mal...Uno sabría. Y se sabe, tú lo sabes, Él lo sabe y me sorprende que quieran engañar al mundo. Vuelvo a verte, tu postura indica cansancio y miedo, tus ojos se concentran en la desgarbada figura que bosteza y se estira, dejando por segundos visible el marcado hueso de su cadera, cada vez más prominente. Una sombra de pánico cruza tu rostro y antes de que puedas impedirlo, gimes impotente. Un sonido tan humano que por un momento me permite verte como eres, un hombre, con todas las debilidades que eso implica. Un sonido tan cargado de dolor que por un momento lo detesto, detesto como Él te hace sentir y es su culpa, ´nicamente suya...si tan solo comiera... Él se gira súbitamente y sonríe, sorprendentemente tu lo haces también, tranquilo, disfrazando el dolor que habías expresado antes, si no fuera por el rastro que las lagrimas dejaron en tus mejillas, nadie sabría... Pero Él lo sabe y sonríe, el humor ha desaparecido y en su lugar se encuentra una disculpa, la cual aceptas sin más, un leve asentimiento y todo está perdonado. El se acerca a ti y tú lo rodeas con tus fuertes brazos, lo acercas a ti y besas castamente sus labios, antes de girarlo, él recarga su espalda en tu pecho y suspira mientras tú entierras tu rostro en su cabello y dejas el llanto caer. Veo en sus ojos la determinación, tan feroz que por un momento resulta esperanzadora, hará nuevamente todo lo posible por vencer, por sobreponerse al miedo y triunfar sobre su enfermedad. Pero conozco la historia, todos lo hacemos...Y odiamos verte tan atormentado. El subirá de peso para volver a bajar, aún más que antes. Ambos lo saben, pero deciden ignorarlo, creyendo siempre en la esperanza de que eso no se repita. Idiotas. Ríes ligeramente ante algo que he dicho y sólo en ese momento me doy cuenta de lo que amar es para ti. A veces me pregunto si me amas. Sé que no lo haces. Cuando te veo con Él se que nunca me amarás con la misma intensidad. Tus manos recorren sus brazos con pereza, de manera tranquila y lenta, sin exigir nada a cambio, simplemente haciéndolo, por el momento, por ti y por Él, por ambos.
Algo más que sangre los une, y por un enfermo momento, aunque sé que son primos y que nunca lo tocarías como me tocas a mí, le tengo envidia. Sé que tu amor por Él es puro, de una manera que nadie se habría imaginado posible, y quiero estar en su lugar, ser quien despierta todo ese fervor y ternura que pareciera imposible en tu persona. Pero no lo soy. Besas juguetonamente los desordenados mechones de cabello y sonríes, mientras te inclinas para leer junto a Él, sin soltarlo, por fin, contento.
Soy invisible y pareciera que nunca he estado ahí, sé que si me voy no lo notarás, parece que has olvidado mi presencia.
A veces pienso que me amas, todos lo pensamos, creemos que aquella devoción que sientes por tus amigos es amor, el amor más grande que puedes expresar.
Ella se encuentra ahí, de pie a tu lado, sus manos recorren tu cuerpo con lentitud, casi un paso de baile, cada dedo se encarga de repartir aquel liquido espeso por tu cuerpo, prolongando cada caricia de manera innecesaria, disfrutando de tu piel más que tu de la suya.
El aceite cubre tu cuerpo con timidez, aventurándose, como ella, a tocar tu esculpido cuerpo mientras tú descansas.
Sus dedos trazan la línea de tu columna antes de separarse, extendiéndose a tus poderosos hombros. Un leve gemido brota de tus labios al sentir el contacto de sus dedos, ahí donde tu cuello toca tu espalda. Ella se detiene por segundos, un sonrojo se extiende por su rostro y así se queda, paralizada, el sonido de tu voz aún haciendo eco en la estancia.
Te incorporas con lentitud, y sin girarte completamente, haces alarde de aquella flexibilidad que nadie se espera en tu cuerpo, la observas sonriendo con esa torcida sonrisa que derrite a cualquiera, tus manos sujetan su rostro, cubriéndolo completamente, y tus labios devoran los suyos, dominante, no pides permiso y ella no te lo niega, devuelve el beso con torpeza y tú te ríes, recostándote en la camilla nuevamente. Las manos que masajeaban mi espalda se detienen, creando más presión de la que soporto, y grito, sintiendo sus dedos como hierro en mis hombros. Tus ojos se clavan en los de él, amenazantes, súbitamente peligrosos, el se detiene y agacha la mirada, sus manos regresando a trabajar, más cuidadosas que nunca, el tacto apenas el roce de una mariposa.
Sonríes satisfecho y te relajas, como si nunca te hubieras tensado, ella vuelve a lo suyo, sus ojos nunca dejan tu cuerpo, pese a que los de él no dejaban de verla con reproche.
Tus ojos están clavados en los míos, un brillo travieso en ellos, una promesa ahí, aventura. Un escalofrío recorre mi cuerpo y él se da cuenta, se tensa, te odia, odia como haces tuyas a las dos mujeres de el cuarto aún sin tocarlas, te odia y tu lo notas, tu mirada, calurosa y sensual se congela, adoptando un negro amenazador, la mirada de un predador.
El se detiene, temeroso, y tú te incorporas, la delgada manta blanca que te cubría cayendo al suelo, dejándote desnudo, no parece importante sin embargo, y así, avanzas.
Avanzas hacia él y el retrocede, no te detienes, y el sigue echándose hacia atrás hasta que al final lo acorralas contra la pared.
Pese a que es alto apenas puede verte al esternón, y tiene que levantar la aterrorizada mirada para verte, le sonríes, complacido ante las gotas de sudor que perlan su rostro.
Ella y yo intercambiamos miradas, asustadas, sin atrevernos a realizar otro movimiento más que cerrar los ojos para no ver el golpe...que nunca llega.
Aprismos los ojos para encontrarte amarrando tu bata a tu cintura, mientras el observa perplejo el gancho de la que colgaba, justo a su espalda.
Un incómodo silencio se extiende por la habitación, y sólo es roto por tu voz, tan tranquila como siempre. "Se acabó el tiempo" Murmuras caminando hacia mí, envolviéndome con mi bata antes de levantarme de el suelo, sin esfuerzo.
Salimos de la habitación en silencio, tú, complacido, tus ojos disfrutando los míos.
-Es la última vez que acepto un masaje a tu lado-Anunció con sinceridad, a lo lejos la discusión de los masajistas se intensifica, eran amantes...Una sonrisa se extiende por tus labios, complacido...Lo sabías, sabías que eran pareja.
Con suavidad y concentración casi reverencial, tus manos trazan el contorno de su cuerpo, delineando cada curva y cada hueco, explorando el relieve de lo que pronto será tuyo.
Tu piel entra en contacto con su piel desnuda, y ella se estremece, un escalofrío recorre su cuerpo mientras tus uñas muerden su carne, dejando levísimos senderos rojos.
Intento apartar la visa, pero es imposible, tus manos siguen adueñándose de ella, moldeando su voluntad a tu gusto.
Apenas y siento las caricias que el me está dando, sus manos recorriendo mi cuerpo con timidez y dulzura, sus labios dejando torpes besos en mi cuello.
Te veo con añoranza y tú te das cuenta, una sonrisa se dibuja en tu rostro mientras que de tus labios brota una risa gutural que parece hacer retumbar toda la habitación.
Ella tiembla ante el sonido, tu sonrisa y tu semblante serio, tiembla, pero eso poco tiene que ver con miedo, es su deseo y su lujuria lo que hacen que se agite, te espera…
Te desnudas con lentitud y sólo en ese momento me doy cuenta de que aún estás vestido…Pero poco importa el pasado, ahora estas de pie sin ropa, tu cuerpo perfecto recortando sombras toscas en la habitación.
Sus ojos son cristalinos, claros como el agua, y no reflejan a otra persona más que a ti, las pupilas se dilatan y sus labios se entreabren
No esperas otra llamada, tus labios ya están sobre los suyos devorándola casi al instante, un beso agresivo, rudo.
Tus dientes se adueñan de sus labios mientras tu lengua se introduce en su boca, las lenguas no pelean, está claroque quien manda eres tú.
Una de tus manos se enreda en su cabello, jugando con el rojo entre tus dedos mientras continuas acariciándola, tus dedos deslizándose como cuchillos por todo su cuerpo, hundiéndose como puñales en su sexo.
Ella gime y yo la imito, un gemido deseoso y existente que reclama tu atención.
El parece tomarlo como una buena seña, pues ss. Labios, mordisqueando mis pezones, parecen cobrar mas velocidad, pero ¿A mi que me importa? No tengo ojos ni cuerpo más que para ti.
Continúas sobre ella, tus labios ya lejos de los suyos, pues la quieres escuchar gemir, te conozco.
Mordisqueas su oreja mientras ella estira un brazo para tocarte, la detienes, y ella gime en protesta, ha de morir por tocarte, pero se que no la dejarás.
Tus labios cambian de sitio, se encargan de su cuello, de sus hombros, de su pecho.
Tu lengua se desliza por su vientre plano y se entretiene unos segundos en el pequeño arete de su ombligo, la espera parece dolerle y, con un suave empujón te urge mas abajo.
Le respondes con una mordida en la cadera, lo suficientemente fuerte para hacer brotar sangre, unas pocas gotas que succionas con avidez.
Ella grita, alarmada y dolorida, pero apenas y reparas en eso, ya has dado a entender que a ti nadie te apura, y la verdad ella no parece herida, está más sorprendida que nada.
Tus manos suben y se entretienen en sus pezones, acariciándolos y moviéndolos con suavidad, pellizcando con ligereza los erectos montes mientras tus labios besan con suavidad su monte de pubis.
Ella sonríe y acaricia tu cabello,enredando mechones negros en sus finos dedos, acariciando tu ancha y poderosa espalda con lentitud, recorriendo, sin saberlo, el largo tatuaje de tu piel
Su mano acaricia mis muslos, pero yo ya no le presto atención, aparto su mano para descubrir con sorpresa que el tampoco me hace caso, sus ojos están clavados en ti…y en ella.
Veo la lluvia caer al otro lado de mi ventana, al otro lado de mi mundo.
Mis manos recorren el helado vidrio, imaginando tu sólida y calida piel, la suavidad y la dureza de tu cuerpo.
Veo la lluvia caer, como las lagrimas invisibles que recorren mi rostro.
Te espero, te espero aquí sentada en soledad, incluso te espero cuando estoy acompañada…
Abro la ventana y respiro el aire húmedo de la tarde, me recuerda tu olor, y el frió que se cuela, tu corazón.
Alguien llama a la puerta y me devuelve al mundo, me separa de tus recuerdos y me hunde en mi realidad.
Camino sin ganas de andar, y al abrir la puerta mi corazón se detiene…
Ahí estas tu, empapado, tu rostro poca amabilidad tiene, pero sigue siendo irremediablemente atractivo…
Debería de estar prohibida tu belleza
Me empujas y te abres camino, andando por mi casa como si la conocieras cual la palma de tu mano.
Sin más palabras comienzas a desnudarte.
Tu chamarra va primero, esa chaqueta de cuero negro que usas en cada una de mis fantasías…
Se le une tu camisa, tan elegante, tan varonil y perfecta (Como tu)
Tu ropa desaparece poco a poco mientras sigues trazando tu camino…Estoy perpleja ¿Qué haces tu ahí?
¿Has llegado a responder mis plegarias? ¿A calmar mí sed? ¿A ayudarme a conciliar el sueño?
No quiero preguntar, temo que todo sea una ilusión y desaparezcas…
Pero no, ahí sigues, tan real como siempre.
Ya te has quitado toda la ropa, y la has arrojado sin ceremonia alguna a la secadora, te das la vuelta y me observas en silencio, sonriendo ligeramente.
Un rubor recorre mis mejillas y me sorprendo, que distinto es verte desnudo en ese contexto, no te he tocado, no te he besado, no me has permitido hablar siquiera.
Me siento como una intrusa en mi propia casa y cierro los ojos, apenada.
Que curiosa sensación esta, de verte desnudo como siempre lo hago, y sin embargo, sentir algo diferente…
Tus pasos andan nuevamente, y te sigo, caminas en silencio a mi habitación yyo soy tu sombra.
Admiro el tatuaje que abarca tu ancha espalda, los trabajados músculos, las perfectas piernas.
Admiro en silencio tu poderío y tu grandeza, eres como un dios encarnado, eres la perfección en esencia… (Quintaesencia de la perfección)
Has entrado a la regadera, y bajo el chorro de agua calida me sonríes, tus delgados labios dibujan en tu rostro una sonrisa sensual e irresistible, una sonrisa prohibida y pecaminosa, que me insita a cometer los peores actos de lascivia…
Por primera vez me atrevo a hablar, y mi voz suena débil, dudo en hablarle a un intruso en mi hogar…Es una vergüenza, ¿Cómo es que puedes ser tan sensual? Es un crimen…
“¿Qué haces aquí?”
La pregunta flota en el aire
Tu sensual y grave voz me responde con sencillez, haciéndome quedar como basura
“Tengo una cita y estoy empapado, tu casa me queda de paso”
Así termina todo, mi fantasía, mi ilusión, mis esperanzas.
Estas ahí por conveniencia ¡Maldito! Y yo ¡Estupida! No puedo hacer más que aceptarlo
¡¿Dónde ha quedado el coraje del que me sentía orgullosa?!
¿Qué ha ocurrido con la fuerte mujer que solía ser?
Me odio y te odio mientras te amo
Mi amor es una tumba y yo misma la cavo
Te secas en silencio mientras me observas, tus ojos recorren mi figura juguetonamente, y cuando menos lo espero, me guiñas un ojo…En verdad que eres insufrible.
Te acercas, sigues desnudo y lo único que te cubre es una toalla, tus brazos rodean mis hombros y tu boca se entierra en mi cuello
A tu lado me siento tan pequeña y tan débil, tan expuesta y tan protegida, tan perfecta y tan rota…
Me haces sentir mujer y niña
Me haces sentir caliente y fría
Sola y acompañada
Me haces sentir pura y sucia
Suciamente pura
Puramente sucia
Me haces ser otra mientras tus manos recorren mi rostro
Tu boca toca la mía, tus labios abren mis labios con fuerza, dominando, mandando.
Antes de que pueda indignarme mis brazos ya están aferrandose a ti y mi boca ya esta recibiendo tus venenosos besos.
Estoy flotando, tus brazos sostienen fácilmente mi peso mientras me arrojas contra una pared.
Tu cuerpo me aprisiona contra el muro frió, tu calidez me abruma.
Tus labios siguen clavados en los míos, un beso sediento y poderoso.
Me separo buscando aire y es ahí cuando tu sonríes, girándote y caminando hacia el espejo.
Me das la espalda y sin embargo puedo ver tu reflejo, tan sonriente y burlón.
Te ríes de mi debilidad y mi cobardía.
Tus dedos recorren tu cabello mientras mis dedos recorren mi blusa.
Cada botón cede a la presión de mis uñas, y lentamente, me desnudo ante ti.
Tus ojos brillan hambrientos y tu lengua recorre tus colmillos, como un animal al acecho.
Sin embargo no te mueves, esperas…Quieres que siga, y yo, no me hago del rogar.
Mi blusa cae al suelo, mi falda le hace compañía, y antes de que yo me de cuenta estas sobre mi, levantándome en vilo y arrojándome a la cama.
Tus labios recorren mi cuello y tu húmedo cabello salpica mi rostro.
Una de tus manos explora mi entrepierna y la otra se dirige al teléfono.
Un simple mensaje refuerza mi seguridad y mi deseo
“Disculpa, pero esta vez no puedo acompañarte, espero verte en otra ocasión”
Cuelgas y sonríes, mientras ambas manos recorren mi cuerpo con lujuria
Estás dormido.
Lo puedo saber por tu respiración acompasada y tranquila, que, aunque suave, parece reinar sobre cualquier otro sonido.
Me gustas cuando duermes ¿Te lo he dicho? No respondas, se lo que dirás: "Mas de un millón de veces"
Pero no puedo evitarlo, y una vez mas, me levanto a verte, deslizándome por la habitación en silencio.
Y ahí estás, tan majestuoso como siempre.
Los rayos del alba iluminan tu silueta, dejando lo demás en penumbras: Al sol tambien le gusta verte.
Una de tus piernas cae perezosamente por el borde de la cama, aquellas hermosas piernas que parecen cinceladas por las manos de un artista.
Le acompaña un brazo, que tambien cuelga, relajado por el sueño. El vello negro de tus brazos contrasta con el tenue bronceado que has adquirido recientemente.
Un color que se extiende uniformemente por tu pecho y por tu abdomen.
Ambos, imagen de la perfección.
Cada músculo marcado con dedicación y esfuerzo, trazando líneas perfectas que transforman tu cuerpo en la viva imagen de un dios.
Recorro con la mirada la delgada línea de vello que brota por debajo de tu ombligo, ensanchándose poco a poco mientras se acerca al borde de la sabana blanca que cubre tu cadera.
(Y sonrojándome ligeramente al recordar lo que se oculta mas abajo)
Me sorprende como esa tela puede seguir ahí, cuando todos los demás objetos que había en esa cama han desaparecido, arrojados por todas partes de la habitación.
Pero no pregunto mas, todo en ti es un misterio.
Me acerco en silencio, y sin tocarte, te admiro.
Aspiro silenciosamente el perfume de tu grueso cuello, donde deseo arrojarme y plantar miles de besos, y sin embargo, no me atrevo.
Tu olor es una esencia embriagadora.
Tu mismo lo eres...Eres adictivo.
Tu rostro esta en paz.
Tu varonil rostro esta relajado y, sin poder evitarlo, lo toco.
Deslizo mis dedos por tu mentón, por tu barbilla y por tu fuerte quijada.
Tu barba esta naciendo nuevamente, y ahí donde toco, todo es áspero, en comparación con la suavidad de tu piel.
Siento la fuerza que hay detrás de esa piel, y sonrío, pensando en todas esas sensaciones que esa fuerza me da, las caricias, los besos apasionados...
Tus labios se mueven lentamente, como controlados por mis pensamientos.
Tu lengua recorre tus finos labios ¿En que estarás soñando?
Retiro tu largo cabello negro de tu rostro, pues cae en desordenados mechones, impidiéndome la vista.
Tu nariz es grande, pronunciada y afilada, incluso fina...Completamente altiva, como su dueño, una nariz que parece contrastar con la amplia frente y los pronunciados pómulos, pero que al mismo tiempo parece aumentar tu perfección.
Una nariz que en momentos te hace ver guapo y en otros, devastador, peligroso, seductor...
Abro los ojos, no recuerdo haberlos cerrado, pero una vez abiertos se topan con dos hermosos ojos negros que me observan con sorpresa.
Y con deseo.
Tu brazo rodea mi cintura mientras te incorpora, y logro captar el reflejo de tu ancha espalda en mi ventana.
Admiro durante breves segundos el tatuaje que se extiende en tu piel, abriendo sus alas para abrazar tu espalda y deteniéndose poco antes de llegar a tu cintura.
Sonrío al ver tus glúteos, tan perfectos...
Y antes de que me de cuenta, tu boca ya esta sobre la mía, devorándola apasionadamente.